Carta abierta de vecinos de la Cuchilla de Rocha, Sauce:

Mayo 18, 2011

Amigos, recibí esta carta y la difundo…

Esta carta no representa necesariamente la opinión o el juicio de todos los vecinos de la cuchilla

La relación de las comunidades y los pueblos con su entorno, con la Tierra, ha urdido las identidades locales, tejiendo en los avatares del tiempo, las complejas y ricas memorias colectivas y los saberes tradicionales y populares.
Los tiempos que corren marcarán para siempre nuestra memoria y nuestra identidad. Esto es, en caso de que sigamos teniendo identidad y memoria propia. . .
Tal vez esta se desvanezca fugazmente, eficientemente, en la inminente y democrática mundialización (reina de los Agujeros Negros).

Disculpen la molestia. Y la pérdida de tiempo. Esto solo es un reflejo entre sentires. Un sentimiento de alma gemela en pena materializado.
Un pedido de auxilio en medio del insoportable ruido.
Una contestación obligada y apasionada.
Un último grito.

tierra llora

“No queda nada nuevo u original que decir sobre el Modelo de Desarrollo Imperante (Sus ramificaciones: el Agrobusiness Transnacional de la Soja RR, la producción de Energía Nuclear, las guerras contra terrorismos globales…). Nada más degradante que tener que exponer (un) argumento(s) que otras personas ya han expuesto a lo largo de los años, en muchas partes del mundo y de manera elocuente y erudita.

Estoy dispuesto a arrastrarme, a humillarme abyectamente, porque en estas circunstancias el silencio sería insostenible. De modo que os digo a todos aquellos que no queráis callar: cojamos nuestras partes, pongámonos todos los vestidos que ya habíamos desechado, e interpretemos nuestros papeles de segunda mano en esta triste obra de segunda mano. Pero no olvidemos que lo que está en juego es descomunal. Nuestro cansancio y nuestra vergüenza podrían significar nuestro fin. El fin de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos. De todo aquello que amamos. Tenemos que buscar en lo más íntimo de nuestro ser y encontrar la fuerza para pensar. Para luchar.

Una vez más, vamos lamentablemente detrás de los tiempos. Y no solo en lo científico y tecnológico (ignoremos las vanas pretensiones), sino, más precisamente, en nuestra capacidad de comprender la verdadera naturaleza de este “Modelo de Desarrollo”. Nuestra percepción de los límites del horror está completamente atrofiada. Es obsoleta. Aquí nos tienen de nuevo, discutiendo sobre cual será el mejor actor de turno sobre el cual depositar las decisiones de una nación, discutiendo el mejor delantero para Uruguay, el mejor tratamiento para adelgazar y el desplome financiero internacional. Consumiendo. Discutiendo quien es el culpable de nuestra pobreza, nuestra delincuencia, nuestra miseria. Y los políticos dicen que han elaborado un nuevo Plan, han legislado, y han firmado nuevos acuerdos comerciales que nos protegerán de cualquier daño.
¡Cuan desesperadamente lo queremos creer! ¡Qué súbditos maravillosos, formales, y de buena voluntad resultamos ser! Quizás de afuera no se sepa lo fatigados, acongojados, y desanimados que estamos. Quizás no se den cuenta de lo urgentemente que precisamos un milagro. De lo profundamente que anhelamos lo mágico.

Ojala la producción global de Soja Transgénica, la producción industrial a cielo abierta, aniquiladora de la agricultura familiar… de la agricultura… de la cultura y la soberanía alimentaria, ojala tuviera que ver con los emprendimiento rurales de siempre: una oportunidad, un tipo de suelo y de clima, un “visionario”, una comida rica o una fibra única, sudor, pasión e inventiva, riesgo… ojala todos aquellos que la tememos fuéramos unos cobardes sin valor moral, unos cobardes que no estamos dispuestos a morir por la defensa de nuestros ideales. Ojala la Producción de Soja transgénica fuera la clase de actividad de un modelo de desarrollo para la abundancia, el bienestar y la calidad de vida, la equidad y el cuidado y la preservación de nuestra madre Tierra. Pero no lo es. Si la Soja (y la forestación) siguen avanzando, el enemigo no será el sistema financiero internacional, o la inseguridad, será la miseria y el hambre de la mayoría de nuestros co-terraneos y el miedo, la mezquindad y la esquizofrenia de los que aún sientan que tienen cosas para proteger, cosas para perder. Los cinturones de miseria de las ciudades se están ensanchando. Los ríos se están volviendo veneno. La tierra se está volviendo arena y piedra inerte. La mayoría de los seres vivientes están muriendo en mares de glifosato y otros productos venenosos.

Muchos se vanaglorian de un País Productivo, de un Uruguay Natural, de un auge (Macro) económico, de la garra Charrúa (con todo mi respeto a los ancestros y la nación charrúa viva)… ¿Que hacer ante semejante grado de locura? ¡Si se trata del País Destructivo y el Uruguay Marginal! ¿Que hacer cuando se está encerrado en un manicomio y todos los médicos están gravemente trastornados?

No hagan caso. No es más que un ambientalista loca, les dirán. La hipérbole del profeta del día del juicio final. Nunca se llegará a eso. Nunca habrá hambre aquí. Nunca habrá guerra. No hay base científica en lo que dice. No está lo suficientemente instruida…
“captar inversiones” es la expresión más usada por aquellos a los que les gusta verse como halcones (Bonitos pajarracos. Tranquilos. Elegantes. Depredadores. La lástima es que no quedarán muchos en poco tiempo, después del colapso. “Extinción” es la palabra que debemos probar de pronunciar y a la que debemos acostumbrarnos.)

Es una locura suprema pensar que los sistemas Agro Transgénico-Industriales que tenemos para producir nuestros alimentos solo son mortales cuando matan (como a los niños trabajadores rurales en Argentina y Paraguay -con el Glifosato-, como la células cutáneas y de otros órganos, de miles de asalariados rurales intoxicados en Uruguay, como los peces del Río Negro y Uruguay, como toda la biodiversidad vegetal…). El hecho de que exista, su sola presencia en nuestra vida, causa más estragos de los que podemos imaginar.


Determina nuestro comportamiento. Lacera nuestras libertades. Rige nuestras sociedades. Da contenido a nuestros sueños. Penetra, como gancho de colgar carne en nuestro cerebro. Lo sepamos o no. Es el último colonizador. Más blanca que cualquier hombre blanco. Más occidental que el más occidental. Es la esencia de la blancura.

Lo único que puedo decirles a las mujeres, hombres y niños de Canelones, y de Uruguay, y de Argentina (solo un poco más allá, en medio del desierto de soja), es que se lo tomen como algo personal, sean lo que sean; productores, consumidores, autoridades, médicos, maestras, agrónomos, izquierda, derecha, economista, humanista, peñarol, nacional…

Este modelo es igualitario para la mayoría. La devastación es indiscriminada. La debacle no está a 1000km (Argentina), 300 Km.(Soriano), a 30km(Sauce), en nuestra alacena y heladera. Está en nuestro cuerpo. En nuestra mente. Todos tenemos el derecho de sacarlo. Ya somos radioactivos y no han siquiera firmado los convenios para enchufarnos la planta nuclear (¿o si?).

HABLEMOS EN VOZ ALTA. EN NOMBRE PROPIO. ESTO ES ALGO MUY PERSONAL. Si el inconmensurable y amorfo Dios Mercado dictamina, la Soja y el Palo se plantarán hasta en los canteros de Boulevard Artigas, en los jardines del Palacio Legislativo, en toda porción de tierra que quede sin exprimir… hasta el filo del pavimento. El jugo, la torta y los infinitos polvos lo consumirán vacas chinas, caballos holandeses, laboratorios espaciales de Tangamandapio. Las gigantescas Plantas devoradoras de Palo se reproducirán en todos nuestros relictos de agua pura.

Hemos sido correctos. Nos hemos pronunciado sin agresiones. Hemos hecho uso de nuestra ciudadanía y hemos sido democráticamente irreprochables.
Voy a decir lo que pienso:
Si protestar contra la implantación cerebral de la colonización de la Soja, la instalación de Monstruo-Pasteras, Plantas Nucleares, es antinacional, anti-uruguayo, entonces me separo de Uruguay. Me declaro por la presente República independiente y móvil. Soy ciudadana del Mundo, vivo en el territorio de la Cuchilla de Rocha, Sauce. No tengo bandera. Soy Mujer. Soy Hombre. Soy Niño. Mi política es sencilla. Estoy dispuesta a firmar cualquier tratado contra las implantaciones arriba mencionadas. Mi arma es la Paz. Los inmigrantes son bienvenidos. Pueden ayudarme a diseñar nuestra bandera.

Nuestro mundo está muriendo. Y escribo para llorarlo.
Se que el sentimentalismo está pasado de moda… ¿Pero qué puedo hacer con mi desolación? Yo quería a nuestro mundo porque le ofrecía una opción a la humanidad. Un resquicio obstinado de luz que afirmaba que había una forma diferente de vida. Una posibilidad operante. Pero su muerte significa lo más horroroso. Significa el final de la imaginación.

¿Porqué lo hicieron?¿Porqué dejaron que nuestro Modelo lo matara?
La conveniencia política es la respuesta obvia y cínica. Pero suscita otra pregunta todavía más básica: ¿Por qué era políticamente conveniente?

Las razones oficiales esgrimidas se refieren a fundamentaciones (macro) económicas y productivistas. Si las damos por buenas y las analizamos de cerca, no dejan de ser desconcertantes.
Nosotros tenemos poco dinero, pocas armas, poco desarrollo industrial. Sin embargo tenemos muchas riquezas. Deliciosas y no cuantificables. Incomparables. Riquezas dignas de ofrecernos una sustanciosa y abundante calidad de vida. Si confiáramos en ellas.
En vez de ello, hemos comerciado con ellas. Las hemos empeñado con desprecio a gente en la que no confiamos. Aceptando sus condiciones sin chistar.

Intentar aislarnos no cicatrizará nuestras heridas. La historia ha ocurrido. Se acabó y no volverá. Lo único que podemos hacer es hacer cambiar su curso fomentando aquello que amamos en lugar de destruir aquello que no nos gusta. Tenemos que buscar la belleza en este mundo brutal y herido que heredamos. Tenemos que cultivarla y amarla. Este Modelo solo conseguirá destruirnos. No importa quien gobierne, ni como te ganas la vida. No importa que ni siquiera comamos soja y no seamos autosuficientes en papel. No importa que nuestro país chico, tranquilo, y despoblado no sea conciente de los límites ecológicos. Nos destruirá.

¿Debemos creer que hay un consenso nacional en borrar de la ruralidad todo lo que no sea Soja y Eucaliptos? ¿Todo el mundo ama la rentabilidad y por lo tanto la rentabilidad es buena para todos? ¿Son capaces los miles de consumidores urbanos hipnotizados y atiborrados de información global, de entender y analizar como opera el Modelo de Desarrollo en “su territorio” en “su país”, un poco más allá de su microcosmos de confinamiento urbano, de su rol de consumidor pleno? ¿Son capaces de hacer algo? Son capaces los miles de hombres y mujeres que habitan tradicionalmente el campo nuestro, y que apenas saben escribir, de vislumbrar, siquiera remotamente, las implicancias sistémicas y las estrategias usadas por las transnacionales del Agronegocio, desde hace décadas?¿Están ellos atrapados en una cápsula de tiempo, mirando como el mundo pasa a su lado, incapaz de comprenderlo porque su idioma nunca tuvo en cuenta los horrores que la raza humana podría llegar a idear? ¿Acaso no importamos en absoluto aquellos que queremos vivir en el campo, aquellos que queremos producir, aquellos que no queremos ser consumidores plenos, aquellos que declinamos de las luces y las comodidades plenas? ¿Debemos ser tratados como cretinos sin derechos? ¿Deben dejarnos salir de la cápsula solo para las elecciones y luego encerrarnos de nuevo?

¿Quién rayos define estas cosas sin preguntar? ¿Qué político puede asegurarnos de que el avance de la soja en Canelones (y el resto del país), no generarán desempleo, exclusión, empobrecimiento y envenenamiento de nuestros recursos naturales y hambre? ¿Qué ha hecho para que creamos en él? ¿Qué ha hecho cualquiera de nuestros políticos para que creamos en él?¿Han dejado de tomar el copetín con los grandes empresarios y recibir obsequios de estos?

El modelo de desarrollo imperante es lo más antidemocrático, antinacional, antihumano y destructivo que se haya creado nunca.
Si usted es creyente, recuerde que el mismo es un reto del hombre a Dios: Señor, tenemos el poder de destruir todo lo que has creado, y lo estamos haciendo.
Si no es creyente, mírelo de este modo: La vida en nuestro planeta tiene unos 3.600 millones de años. Puede sucumbir en los próximos años.”

Melchora Cuenca.
Facundha Tiro y
José G. Artigas.
Vecinos de la Cuchilla de Rocha. Sauce.2008

Dedicado a Suzanna A. Roy. Por su vida, su escritura, su lucha y su belleza.

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