Sólo en el silencio aprendes a escuchar
El silencio es la elocuencia del corazón. Sólo en el silencio aprendes a escuchar. Si escuchar es la razón de la comprensión, el silencio es la razón de la sabiduría.
¿Pero acaso el callar es lo mismo que el silencio? ¿Calla el ave cuando llega un nuevo día? ¿Calla el agua del río al encontrar su camino al mar? ¿Calla el llanto del dolor en cada ser?. Nunca dejes sin palabra lo que estremece tu corazón. Es por eso que el ave canta con la alegría de un nuevo día, el agua del río por volver al mar, el llanto del dolor por escapar del corazón. Aún en estos actos hay silencio, porque viene de la esencia misma.
Algunos suelen decir que el silencio es la ausencia del sonido. El silencio es el equilibrio del sonido. Si dos ondas de sonido con la misma intensidad y en sentido contrario se encuentran, entonces, se produce el silencio. Por ello no podrá existir el silencio sin el equilibrio del verbo en ti.
Que tus palabras sean el reflejo fiel de un alma noble, para que cuando salga regrese a ti con la misma intensidad como se fue. Sólo así sabrás que el silencio le dio en justa medida el equilibrio a tu alma, a tu mente y a tu corazón.
El silencio es la primera herramienta para saber si el mundo a tu alrededor te escucha y tú lo escuchas a él. Se aprende a oír en el silencio, pero se aprende más a sentir cuando aprendes a escuchar.
Sé entonces como el silencio, aparentemente inexistente pero firmemente útil y recuerda siempre esto:
•Quien conoce el silencio dice más con menos palabras.
•Quien conoce el silencio piensa más de dos veces lo que quiere decir.
•Quien conoce el silencio habla de corazón a corazón.
•Quien conoce el silencio calla primero, luego observa y finalmente decide la utilidad de la palabra.
•Quien conoce el silencio venera el valor sagrado del verbo.
•Quien conoce el silencio ejerce control de su existencia.
•Quien conoce el silencio conoce la luz de la existencia eterna


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